Dudamel pone a bailar a Caracas en Los Caobos
Sí, lo hizo de nuevo. El joven director Gustavo Dudamel llegó directo al corazón del público que asistió el 3 de enero al parque Los Caobos de Caracas para presenciar el concierto de apertura de la gira nacional que llevará a cabo con la Orquesta Juvenil "Simón Bolívar".
Ya pasadas las 5 de la tarde el popular pulmón capitalino estaba abarrotado de gente por todos lados; por un costado habían colas interminables producto de la feria socialista de juguetes organizada por el Ejecutivo municipal y por el otro, los ansiosos asistentes del recital de los jóvenes que integran la orquesta bajo la batuta del maestro de la Filarmónica de Los Ángeles.
Y así se dejaron escuchar la OBERTURA DE RIENZI de Richard Wagner, FRANCESCA DA RAMINI y SINFONÍA NO. 4 en fa menor Op. 36 de Pyotr Illyich Tchaikovsky, FINALE: ALLEGRO CON FOUCO, las cuales despertaron los emotivos aplausos de hombres, mujeres, abuelos y niños presentes en el parque. La invitada especial de la noche fue la chelista argentina Alicia Weilerstein, quien interpretó en compañía de la Simón Bolívar una pieza que no estaba incluida en el programa, el primer movimiento del Concierto para Violoncello de Antonin Dvorak.
No obstante, el clímax de la presentación se produjo cuando Dudamel dirigió el talento de sus muchachos en la interpretación de un popurrí de música venezolana que incluyó: vals, tambor, polo margariteño, joropo y hasta el alma llanera, momento que aprovechó el joven maestro para voltearse hacia los presentes, -entre quienes se encontraban José Antonio Abreu y el alcalde Jorge Rodríguez, para invitarlos a cantar la letra del segundo himno nacional.
Pero la orquesta juvenil no había terminado de tocar los acordes de dicha compilación, cuando el público caraqueño estremeció los árboles de Los Caobos gritando "el mambo, el mambo, el mambo", petición que fue complacida por Dudamel, motivo de orgullo nacional en el mundo entero.
Al ritmo del género popularizado por Pérez Prado, ni una sola alma se quedó sentada en las sillas blancas dispuestas por la Alcaldía de Caracas para el recital. Todo ser viviente bailó y aplaudió el virtuosismo de los jóvenes de la orquesta y su director. La fiesta cultural y popular llegó a su punto máximo y el final llegó bajo una intensa lluvia de serpentinas.